Hijos, en el pasado de nuestro país el conocimiento de los principios espirituales estaba considerado el aspecto más importante de la vida. Sin embargo, hoy en día, el conocimiento material ha sustituido en importancia a la espiritualidad. Y es imposible atrasar el reloj. Tal esfuerzo solo resultaría en decepción. Lo que importa ahora, es aprender a avanzar, sin permitir que se destruya lo que queda de nuestra buena cultura.

Hace mucho tiempo, los niños iban a la escuela a los cinco años. Hoy los enviamos a la guardería a los dos años y medio. Lo único que tenemos que hacer hasta que cumplan cinco es mostrarles amor. No debemos coartar su libertad en modo alguno. Ellos deben jugar a su capricho. Todo lo que tenemos que hacer es cuidar de su seguridad, protegerlos de quemaduras o de deambular cerca de un estanque. Sus travesuras no importan, solo tenemos que mostrarles amor. Incluso cuando les señalamos alguna fealdad de sus  acciones, debemos hacerlo con todo nuestro amor. Así como vivieron protegidos durante nueve meses en el seno materno, los primeros cinco años de su vida deben estar protegidos en otro seno, el seno del amor. Pero hoy en día la situación no es esta.

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